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Leyenda del Picaflor

Cuenta la leyenda que una vez hubo una india, hija del cacique de su tribu. Se llamaba Potí, que en guaraní significa flor. Era muy hermosa, y estaba enamorada de un indio llamado Guanumby, que a su vez la amaba. Pero, había un problema… el indio pertenecía a una tribu enemiga y, como siempre ha pasado en tantas historias, su amor era prohibido.

Sin embargo, Potí y Guanumby no querían renunciar a su amor y entonces se veían a escondidas. Cada vez que el sol caía, se encontraban junto a los árboles y, con la luna como testigo y al resguardo de las hojas, se profesaban su amor en las sombras libremente.

Era muy escaso el tiempo de sus encuentros, pero no importaba, los amantes aprovechaban cada segundo de su amor. Eran muy cuidadosos, pero no lo suficiente. Un día, una india de la tribu de Potí, descubrió a los amantes y, como ésta era una mujer que envidiaba a Potí, sin dudarlo denunció el romance. A la pobre Potí le prohibieron ver de nuevo a Guanumby y se asegurarían de ello.

En cuanto a Guanumby, no cabía de su angustia; le atormentaba no saber nada de su amada. La Luna, otrora testigo de su amor, se apiadó del indio y una noche le contó que había visto a Potí; le contó acerca de su gran pena y aflicción. Le dijo que la había visto llorando sin consuelo, que la querían obligar a casarse con otro indio de su tribu, y que entonces Potí, desconsolada, le pidió al gran Tupá que le arrebatara la vida, que la liberase de su maldita suerte.

El gran Tupá escucho su súplica, pero no le quitó la vida sino que la transformó en una flor. Esto último, se lo contó el viento. Entonces Guanumby, desesperado, le preguntó a la Luna

-Cuéntame, señora ¿En qué flor convirtieron a mi amada?

-No lo sé, y ni siquiera lo sabe el viento… – le contestó.

Así eran los designios misteriosos de Tupá, y nadie podía cuestionarlos.

-¡Oh, gran Tupá! Yo sé que reconoceré el sabor de los besos de mi amada en sus pétalos, sé que la podré encontrar. Escúchame Tupá. ¡Tú lo puedes todo!

Y entonces Tupá escuchó su ruego y, ante la mirada atónita de la Luna, Guanumby se trasformó en un pequeño y hermoso pájaro que salió volando velozmente; era un picaflor, al que algunos indios llaman Gunumby.

Dice la leyenda que, desde esa noche, el amante pasa sus días besando flores, buscando ansiosamente el sabor de una, sólo una; la de su amada Potí. Y, según dicen, aún no la ha encontrado…